domingo, 1 de septiembre de 2013

El racismo de los mexicanos

¿Qué pasa con ese nacionalismo exhaltado que parecía cobrar importancia en décadas pasadas en México? Nuestro orgullo: "soy puro mexicano y nunca me he rajado".

No sólo nos avergonzamos de nuestra condición social y económica ante otras naciones, retomamos una actitud de servilismo, -y no conforme con ello-, ejercemos la violencia simbólica al compararnos con naciones más desarrolladas, cuando este ejercicio no es válido entre componentes desiguales, la comparación sólo es válida entre pares, lo cual se argumenta  con la reflexión de la presunta autocrtítica de lo que nos hace falta y lo que no, parece ser una dinámica muy aceptada desde hace algunas décadas.


Al escuchar con atención algunos discursos de viajeros alrededor del mundo, o bueno que han ido a Europa un destino muy codiciado por los latinoamericanos por el valor simbólico que cobra el estar ahí, debido al capital cultural que representa (aunque en la realidad no necesariamente se construye) siempre es motivo de presunción y orgullo.

¿Qué pasa con la percepción que hay de los mexicanos a partir de lo que vemos en los viajes?, Siempre es negativa, siempre salen superiores las demás naciones, no se toma en cuenta ni el contexto, ni la historia, tampoco se reflexiona en torno a la cosmovisión.

Y ¿cómo estamos paradas las mujeres ante esto? creo que muy mal, lejos de ver en la gran desventaja que estamos inmersas, el techo de cristal, la necesidad de aumentar la liberación y la creciente violencia que vivimos, solo nos abocamos en cuestiones superficiales como por ejemplo las características físicas de otras mujeres, de nueva cuenta no se toma en cuenta la genética.




Con el advenimiento de la violencia en el país en los últimos 6 años, la migración ha crecido en números alarmantes el 70% de las personas con doctorado viven fuera del país, no sólo por temas que ya conocemos sino por el poco sentido simbólico y de enraizamiento que existe para su ciudad de origen, con la globalización y la visión occidentalizada del éxito en la vida de una persona, la cuestión material es el centro y desde ahí empiezan a decidir la vida y la supuesta felicidad los compatriotas.

El monstruo voraz del mercado ha venido absorbiendo todo lo que tiene alrededor: el medio ambiente, las relaciones amorosas, la reproducción sexual, el establecimiento de vínculos amorosos y la sociabilidad, nos estamos aislando y el espacio público de la calle, está tomado por la delincuencia organizada, ya no hay oportunidad de conformar a través de la interacción comunicativa en las calles, cuando las tomamos somos satanizados, esa cohesión social la empezamos a perder y la sensibilidad de paso.

Cabría la reflexión:
  • ¿Qué pensamos de nosotros mismos y de nuestro color de piel?
  • ¿Por qué siempre creemos que lo extranjero es mejor? 
No me quiero remitir el discurso con cliché en donde le echamos la culpa a la conquista española, es un problema actual que habría que ir resolviendo en comunidad y con la sensibilidad de un ser racional y sensitivo, se supone que somos la raza más inteligente, ¿no?, pero parece que el conocimiento y la tecnología solo nos están atrofiando el cerebro y el corazón ¿será? o ya lo teníamos medio entumido.


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